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03 noviembre 2023

El sabor de la ausencia



Tu ausencia sabe a dolor, a oscuridad, es amarga. 
Tu ausencia me ciega y enmudece. 
Tu ausencia sabe a recuerdos de caricias.

Todo sabe a ti.

Sabe a tu mirada, tus labios, tus manos, tus palabras y abrazos.
A tu ternura, tu dulzura, tu fuerza y suaves susurros.
A tu sonrisa, tu forma de amar, tu querer sin pedir.
A los momentos contigo, a dormir juntos y despertares a tu lado.
Al olor de tu pelo, tu piel y tu aliento en mi cuerpo.

Todo lleva tu nombre.

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10 abril 2015

Mi álbum azul

Mi álbum azul

Entre todos los álbumes que muestran la cronología desde mi nacimiento hasta los tres años a través de fotografías hechas y reveladas por mi padre, hay uno que destaca sobre los demás: mi álbum azul.
Está en casa de mi madre, como tiene que ser, también es su historia y todo ello es lo que hace ese álbum tan especial.

Mi álbum es de piel en tono azul claro enmarcado con lineas doradas y tiene la misma edad que yo.
La primera página tiene impreso un reloj en el que dibujaron con bolígrafo azul una manecilla que marca la hora en la que nací, las dos de la madrugada, además de mi nombre y algún dato más. A partir de ahí las páginas están separadas y protegidas con una finísima hoja de papel transparente y empieza mi vida en fotos desde el hospital hasta que el álbum no dio más de sí y tuvieron que empezar otro.

Como las fotos las revelaba mi padre hacía copias para tíos y abuelos. Cuando falleció mi abuela me quedé su colección pero faltaban muchas y es lógico, entre las de mi hermano y las mías debió hacer una selección y se quedó con las que más le gustaban.

Cuando voy a casa de mi madre a veces me gusta coger el álbum y volver a ver esas fotos que conozco casi de memoria, o eso creía. Supongo que al pasar las hojas durante años mis ojos se fijaban inconscientemente en las que yo no tengo.
Pero hace unas semanas viéndolo por enésima vez me quede parada en esta foto, no podía dejar de mirarla y quería saber qué es lo que tanto me llamaba la atención. No recordaba si la había visto pero era imposible que no lo hiciera, pensé que simplemente pasé por ella sólo eso.

Hasta que me di cuenta de lo más importante, es la única fotografía que existe en la que estamos los tres, mi padre, mi madre y yo ¡la única! y eso la convierte en La Foto, la más importante de todas, Mi Foto.

Daba por hecho que todas las fotos las tomó mi padre y me equivoqué, quizás ese sea el motivo de que no la viera en todos estos años.
No sé quien la hizo, lo más importante es que La Foto existe.
Lamento no haberla visto antes pero he encontrado un tesoro, a su lado hay dos más en las que mi padre me tiene en sus brazos y en las que tampoco había reparado.

Disfruto con mi álbum azul en las manos no para ver mis fotos sino porque están hechas por mi padre, ahora las mirare una a una por si guarda algún tesoro más.

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04 junio 2014

Un coche diferente

El 600 de la familia

No me preguntéis la matricula de mi coche porque no me la sé, pero ni del que tengo ahora ni la de los anteriores y por supuesto la del coche de mi chico no tengo ni idea. Pero la matricula del primer coche que tuvo mi madre y nos acompaño durante muchos años si la recuerdo y no creo que la olvide.

Cuando tenia once años nos mudamos de casa. Hasta ese momento vivíamos al ladito de El Retiro, pero el piso era de alquiler por eso mi madre decidió meterse en una hipoteca y tener una casa que fuera suya el día de mañana.
Y lo logró, a día de hoy es SU casa y lo ha conseguido ella sola sin ayuda de nadie.

Pero nos fuimos a vivir a uno de los barrios que el Instituto Nacional de la Vivienda (INV) construía en aquel momento.
Ahora es un barrio relativamente céntrico y con excelentes comunicaciones, pero entonces ... ¡parecía que nos habíamos mudado a kilómetros de Madrid! Acostumbrados a ir andando a todos los sitios ahora de repente dependíamos del único autobús que llegaba hasta allí.
Pero mi madre lo tenía todo previsto, ya tenía carnet de conducir, había aprobado ¡a la primera! y ahora sólo faltaba comprar un coche.
El elegido fue un precioso, simpático y utilísimo Seat 600 de color amarillo canario.

Con él hicimos un montón de viajes y siempre se portó genial, nunca se estropeó ni falló, nada de nada, incluso en los inviernos más duros y con intensas nevadas aquel coche arrancaba a la primera mientras que los dueños de auténticos cochazos nos miraban entre alucinados y desesperados cuando nosotros iniciábamos la marcha y ellos se quedaban tirados, claro que en la cara de mi madre y en la mía se dibujaba una sonrisilla de satisfacción que nos duraba todo el día. Tenéis que entender que hablamos de los setenta, mujer al volante y sin problemas ¡no era fácil!

Los domingos llevábamos a mi hermano a la Estación de Autobuses para su vuelta al colegio (era un internado pero venia los fines de semana a casa). Cuando nos despedíamos y regresábamos a casa ya era de noche y, durante un tiempo, según íbamos por el Pº de la Castellana se pinchaba alguna rueda y teníamos que parar.
Era salir mi madre del coche y frenar en seco varios voluntarios dispuestos a auxiliar a tan bella dama (ya os he comentado en alguna ocasión que mi madre ha sido y es preciosa de ahí tanto interés en ayudarla). Por supuesto cambiaban la rueda pinchada y se llevaban un 'muchísimas gracias' de recuerdo porque mi madre se metía en el coche rápidamente roja como un tomate y se despedía con una gran sonrisa. No hace falta que os diga que no ha cambiado una rueda en su vida.

Una mañana mientras íbamos al dentista, un Renault 7 blanco tenía tanta prisa que se salto la doble linea continua para adelantar en plena c/ Padre Damián obligando a mi madre a dar un volantazo con tan mala suerte que pisamos una placa de hielo y el coche empezó a patinar hasta que terminamos en el carril contrario empotrados contra un Dodge militar que esperaba a un alto mando. Las dos salimos despedidas por la misma puerta, la del piloto. No nos pasó nada grave, únicamente mi madre se rompió el menisco de una rodilla, pero para lo que podía haber pasado eso no fue nada.
El chofer militar no daba crédito a como había quedado el Dodge, sólo decía ¿y como digo yo en el taller que esto lo ha hecho un 600? El pobre, que se portó genial y fue el primero que nos ayudó, sólo quería aligerar la tensión e intentar calmar el susto (histeria) de las dos.
¿El del Renault 7? salió huyendo el muy cobarde.

El caso es que a nuestro querido coche tuvieron que quitarle todo el morro y como no encontraron ninguno del color original hubo que pintarlo entero y ¿qué color decidió mi madre? ¡ROJO! pero no el rojo Seat 600, no, ¡rojo rojo! Era el único 600 de ese color en todo Madrid, y eso resultó de mucha ayuda las dos veces que nos lo robaron porque la policía lo encontró el mismo día que nos lo quitaron.
También un invierno alguien lo abría y dormía en él, pero cuando nosotras llegábamos ya no estaba y nunca faltó nada del coche.

A pesar del color que lo hacia claramente visible y reconocible, el despiste de mi madre conseguía 'perderlo', ya podía ser el parking más pequeño del mundo, mi madre nunca lo encontraba.

- Nos han robado el coche
- Mamá ¿otra vez? piensa bien, intenta acordarte donde lo dejaste
- Que no, que nos lo han robado ¿como no voy a saber donde lo he aparcado hija?

Y según pronunciaba esta frase el coche aparecía y las dos nos reíamos.

¿Se puede querer a un coche? yo creo que si.

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24 mayo 2014

¡Nos vamos!


En Junio de 1968 mi tía y madrina se casó, y lo hacia con el que ha sido y es mi segundo padre.
La boda transcurrió como tenía que ser, bien, con mi hermano y yo vestidos para la ocasión y encargados de llevar las arras y los anillos, él todo de blanco con pantalones cortos, yo con vestido cortísimo y gorro tipo capota tan de moda entonces.
Tras la ceremonia y posterior celebración iniciaron la luna de miel camino de Asturias, su destino para disfrutar de aquellos días.

El recién estrenado esposo aunque había nacido en Madrid se consideraba y sentía asturiano, de hecho a día de hoy mantiene ese acento tan peculiar de la tierra y con el que hablaban sus padres y demás familia.
El alojamiento elegido no podía ser otro que un antiguo caserón familiar.

Y llegó la noche.
De repente en plena madrugada él se levanta y agarra a su mujer al grito de:
- Vámonos que aquí no nos quieren.
Ella sin comprender nada sólo acertó a preguntar
- ¿Qué dices? ¿Pero adonde vamos a ir a estas horas?
Pero era tal la fuerza y el convencimiento de él, que salieron corriendo del caserón en plena noche y totalmente desnudos.
Tras un rato corriendo a través de aquellos valles como si fueran Adán y Eva, ella completamente aterrada seguía gritandole e intentando que entrara en razón ... hasta que por fin ¡le despertó!
Si, mi tío es sonámbulo, un pequeño detalle 'sin importancia' que olvidó comentar a la que ya era su mujer, pero a partir de aquel momento ella si lo recordó cada día y empezó su pequeña venganza.

Él era un alto ejecutivo lo que le obligaba a realizar viajes de varios días con cierta frecuencia, aquí era donde ella fraguaba su desquite.
Se dedicaba a cambiar todos los muebles de sitio con la excusa de aprovechar el espacio y darle un aire nuevo a la decoración, y lo hacía ella solita, sin ayuda para mover los muebles ni nada, a lo bruto. Cuando él llegaba a casa se encontraba con los cambios y le gustaban, hasta que llegaba la noche y se levantaba sonámbulo. Se despertaba a base de los golpes que se daba con los muebles que no estaban en su sitio habitual.
- ¡Me cago en ...!
Ella medio dormida
- ¿Qué pasa? ¿Te has hecho algo?
- No, no.
Y ella se daba la media vuelta para ocultar la media sonrisilla.

La venganza continuó e incluso una noche él apareció durmiendo en el suelo y con la cabeza metida dentro de la mesilla de noche

Claro, que las venganzas te pueden explotar de repente en la cara y así ocurrió, tres de sus cuatro hijas también ¡son sonámbulas!
Las cuatro dormían en la misma habitación, las dos mayores en una litera y las dos pequeñas en otra.
Y esto es lo que ocurría una noche cualquiera:
- Una se sienta en la cama y empieza a contar en voz alta, uno, dos, tres, ....
- Otra se levanta a comprobar que la puerta de entrada a la casa esta cerrada y lo hace varias veces.
- Otra se levanta y discute con quien sea en voz alta en un dialogo perfectamente comprensible.
- La que no es sonámbula duerme tanto y tan bien que se cae de la cama y no se entera ¡y sigue durmiendo plácidamente en el suelo!

Las cuatro viven ya fuera de casa con sus respectivas parejas ¿les habrán contado su secreto?
Tengo que preguntárselo.

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11 noviembre 2013

No mitifico

No mitifico

En una conversación con mi madre no hace mucho, hablábamos de mi padre y me comentaba con cuidado, como si temiera mi reacción, que quizás le tenía idealizado. Mi respuesta no fue airada en absoluto, posiblemente daba esa impresión, debía explicarme.

No, no he hecho de él un mito, mi padre era una persona y como tal tenía virtudes y defectos, muchos o pocos es algo que se me escapa.
Yo iba a cumplir cinco años pocos meses después de su fallecimiento ¡sólo recuerdo las cosas buenas! las malas o regulares no aparecen y las que ahora sé poco varían mi opinión, era una persona imperfecta como lo somos todos.

Esos recuerdos fantásticos que conservo de él son reales, mi madre se quedaba de piedra cuando le contaba alguno de ellos ¿Como puedes acordarte de eso Chary? ¡Eras una cría! 
Pero no estuvieron siempre conmigo, aparecieron al final de mi adolescencia. Aunque en aquellas clases a modo debate en el colegio yo fuera la contestona, la que renegaba de la existencia de dios a causa de la temprana muerte de mi padre, esos recuerdos aun no me acompañaban.

Cuando empecé a recordar fue la figura de mi padre la que se convirtió en imprescindible. Sé que nadie lo somos, pero su presencia en determinada etapa de mi infancia si la consideré vital, esencial e indispensable.
Los fines de semana y las vacaciones hubieran sido familiares y los domingos comida en casa de los 'abuelos' como mucho.
Aquellos recuerdos están atrozmente relacionados entre si lamentablemente, de ahí que la existencia de aquella querida imagen paternal que buscaba era la de mi príncipe defensor.

Pero no deja de ser un ¿Qué hubiera pasado si ...? carente de argumento y la Vida tiene otros interrogantes, un viaje al pasado ya desgastado que ahora tiene otros destinos, y la búsqueda de un porqué sin respuesta cuya solución es mi rebeldía.

Mi madre respiró, lo entendió, no existía el mito.

Amo a mi padre por el cariño infinito que nos regaló.
Miro a mi hermano y físicamente es él. Me enorgullece llevar su apellido, cuando dicen que me parezco a él ¿en lo bueno? ¿en lo regular? ¡Que más da!

No, no le tengo idealizado, es mi padre.


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01 noviembre 2013

Aquellos Sietes

Aquellos sietes

Aunque el titulo pueda parecer una opinión o revisión o regodeo sobre cierto partido, como madridista que soy, nada más lejos de la realidad.
Mi osadía al escribir sobre fútbol tiene un motivo que descubriréis al final.

Hoy recordaré tres Sietes míticos y no sólo como jugadores del Real Madrid, su trayectoria deportiva les ha convertido en futbolistas legendarios.

Los tres han vestido la camiseta de la Selección Española.
Juanito y Raúl pasaron por el Atlético de Madrid, Butragueño casi.
Ninguno de ellos terminó su carrera futbolística en el club de sus amores, el Real Madrid.
Butragueño, 'El Buitre', era casi un niño cuando coincidió en el primer equipo con Juanito, se iniciaba la leyenda abanderando aquella 'Quinta del Buitre' que nos hizo soñar, y un futbolista mítico aun en activo cuando un jovencísimo Raúl empezaba a ser titular en la alineación.

De Juan Gómez, Juanito he de reconocer que los partidos que mejor recuerdo de él son precisamente los polémicos, su enfrentamiento con Uli Stielike (le escupió) y el pisotón en la cabeza a Mattähus.
Si, era muy temperamental, y eso le costó duras sanciones por parte de la UEFA y de su mismo club, el Real Madrid. Pero era un genio en el campo, luchador, se entregaba como el que más, rápido e intuitivo, un futbolísta de raza.
El tándem que formaba con Santillana era letal, temible para el otro equipo. Juanito pasaba el balón a Santillana, éste saltaba, ¡volaba!, y el balón entraba en la portería contraría ... un golazo de cabeza. No he vuelto a ver nada igual.
Su trágica muerte (Abril de 1992) ocurrió en el viaje de regreso a su casa en Merida (era ya entrenador) desde Madrid tras presenciar en el Bernabeu un partido de su equipo, el que sentía como tal, Real Madrid-Torino.
Tras su fallecimiento, todos los partidos celebrados en el estadio Santiago Bernabéu, en el minuto siete del primer tiempo se escucha corear a la afición 'illa, illa, illa, Juanito maravilla' en su honor.

De Rául González, Raúl ¿Queda algo por decir? Desde que el Real Madrid le dio el merecido homenaje (tardío) en el mes de Agosto, radio, tv. y prensa en general han hecho un amplio recorrido por su carrera en el Madrid, la Selección y los motivos que le han llevado a lo más alto, trofeos, distinciones, premios, récords, etc., unos como Raúl, otros como jugador del Real Madrid y la Selección Española.
Le he visto jugar desde que debutó en el equipo titular así que tengo poco que añadir, bueno si, el Real Madrid tiene otras ¡tres Copas de Europa! jugando él como titular.

Algunos ya sabéis que Javi (mi chico) jugó durante muchos años al fútbol. Aunque su última etapa deportiva ha compaginado el fútbol-sala y el fútbol siete jugando como defensa, (era muy curioso ver como los jugadores del otro equipo se caían 'misteriosamente' cuando él salía al campo), sus inicios fueron en el fútbol clásico (fútbol once), y su posición en el campo era la de portero o guardameta que es lo mismo, y era bueno, muy bueno, tiene trofeos 'Al mejor Portero' que así lo acreditan. Incluso hizo una prueba para el Real Madrid, pero al no tener 'padrino' (como otros) aquello no funcionó.

Era el portero titular del C.D. Santiago Apóstol (entre sus compañeros de equipo estaba Iñaki Cano, periodista y comentarista deportivo de radio y tv.) que jugaba el Trofeo As, una liga patrocinada por el diario deportivo y se disputaba en la Comunidad de Madrid.
Uno de aquellos partidos fue contra el equipo del Colegio Calasancio en su casa. El campo era de asfalto, claro que los otros eran de tierra, lo de la hierba artificial aun no se llevaba. Javi evidentemente prefería la tierra porque el asfalto le destrozaba cada vez que para parar el balón tenía que tirarse.
Cuando volvió de aquél partido llegó la pregunta obligada, más o menos.
- ¿Qué tal el partido cariño?
- Bien, pero me ha metido tres golazos un rubio que la madre que le parió ¡como juega el cabrón! (frase suavizada).

Años después un equipo de segunda división, el Castilla (filial del Real Madrid), se proclamaba Campeón de la Liga 1983-84. El gran fútbol y los goles materializados por uno de sus jugadores les puso en el punto de mira de toda la prensa deportiva.

Y fue leyendo uno de esos diarios cuando Javi gritó mientras señalaba aquella foto:
- ¡Este, este es el rubio cabrón que me metió los tres goles en el Calasancio!

Aquel rubio era Emilio Butragueño, El Buitre.

Esos tres goles que no pudo parar a quien se convirtió en uno de los mejores jugadores del Mundo, un Siete legendario, son su orgullo, el mejor y más grande trofeo deportivo.


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17 octubre 2013

Yo venia espabilada de serie

El Interior Secreto: Yo venia espabilada de serie
Fotografía tomada y revelada por J. Cirujano, mi padre.

Cuando mi madre descubrió que estaba de nuevo embarazada, tuvo que empezar a tomar decisiones respecto a mi.

No esperaba tener otro hijo tan pronto, se había quedado en estado casi en la cuarentena así es que tenia que espabilarme para no juntarse con dos bebes a la vez, de hecho, mi hermano y yo tan solo nos llevamos 12 meses y 18 días justitos.

Decidió que tenia que empezar a andar lo antes posible y así fue, a los nueve meses ya andaba y hablaba como una cotorra.
Pero es que yo ya venia espabilada de serie como podéis comprobar en la foto, sin haber cumplido un año ya me explicaba yo divinamente.

Cuando nació mi hermano, a mi ni siquiera me dio tiempo a tener los típicos celos de hermana mayor, para mi era un muñeco enorme que hacia ruido.
Y empezó a crecer tanto y tan rápido que cuando nos quisimos dar cuenta parecía que el mayor era él.

Cuando mi hermano empezó a andar mi pobre madre no daba a basto, así es que compró unas correas en la farmacia que eran lo último de lo último, y nos permitían andar y correr libremente pero controlados por ella. Pero el mismo día que las estrenamos, una señora muy mal encarada se dirigió a ella y le dijo que si ni le daba vergüenza llevarnos como si fuéramos perros, y mi madre nada más llegar a casa tiró las correas a la basura sin pensarlo dos veces.

Yo creo que aquella señora pensó que mi madre era la niñera, porque siempre pareció mucho más joven, tanto es así que una tarde, mis padres y mis tíos decidieron ir la cine mientras nosotros nos quedábamos en casa de los abuelos y ¡A mi madre no la dejaron pasar!
Se le olvidó llevar el DNI, y por más que mi padre y mis tíos juraban que era su mujer, mayor de edad y madre de dos niños, aquel señor del cine no se creyó nada, así es que se tuvieron que volver a recogernos sin ver la película.

Mi padre aparentaba un monumental enfado, pero dejaba entrever el orgullo de ser el marido de una mujer tan hermosa.


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