09 febrero 2012

Celebrarlo contigo

El interior secreto: Celebrarlo contigo

Hola papá.

Hoy es tu cumpleaños y éste es otro año más que no podemos celebrarlo juntos.
La verdad es que mi memoria no guarda recuerdo alguno de haberlo celebrado contigo. Sin embargo no olvido tú presencia en los cumpleaños de mi hermano y míos.
¡Hace tanto tiempo ya y era tan niña! Pero no me resigno a olvidarte, aunque hayan pasado ya más de cuarenta años que te fuiste.

Día a día sigo hablando contigo, necesito hacerlo, es como agarrarme al último salvavidas, y sé que tú me escuchas, que estás aquí a mi lado, mirándome mientras te hablo, llorando si yo lo hago y riendo conmigo compartiendo alegrías.

Pero perdí tu olor, ese que quedaba impregnado en tus abrazos cuando mi rostro se aferraba a tu pecho. Y perdí tu tacto, el de tus besos en mi cara, el de tu mano y mi mano. Apenas recuerdo tu querida voz, la que me llamaba princesa y henchía mi corazón.
Te perdí en la infancia, te necesité en mi juventud, te lloré cuando fui madre y te presenté a tu nieta y lo volví a hacer cuando nació nuestro niño, tu primer bisnieto, que ilumina todo con su sonrisa y es la imagen de la felicidad. ¿Te has dado cuenta que ha heredado la misma pasión por los coches que Javi?

¡Se hace tan duro necesitarte tanto!

Vuelvo a ver tus fotos una y otra vez en un vano intento de recuperar algún otro recuerdo.
¿Sabes que tu hijo es igual que tú? Si, ya sé que lo sabes, pero solo se parece físicamente, le falta tu calidez, la ternura de tu mirada, el orgullo de amar y saberse amado.
Vuelvo a ver tus tus ojos siguiendo a mamá, enamorado y feliz de tenerla a tu lado. Cada mirada dedicada a nosotros, tus hijos, de padre orgulloso y feliz de serlo.

Mi hija, tu nieta, ¿No es preciosa? Es afortunada de tener un padre que la quiere hasta dolerle, tanto como tú nos quisiste y sin embargo desaprovecha, inconscientemente, los momentos a su lado sin valorar el amor incondicional que su padre le tiene, olvidando que cada uno de esos momentos es irrepetible, que pasan y no vuelven.

Te fuiste obligado, no querías dejarnos, pero algo más fuerte, injusto y cruel, te arrebató de nuestro lado. Pero burlaste al destino y te quedaste, tu alma se convirtió en mi querido y amado ángel.

No puedo verte pero si sentirte, continuas aquí y no dejaré que te vayas.

Te quiero.

Felicidades papá.

(La preciosidad de la foto que preside esta entrada es mi madre. A la derecha, ella, mi hermano y yo)

Esta entrada es un error garrafal producto de la debilidad que siento por mi padre. Esta fecha es el triste aniversario de su fallecimiento. Su cumpleaños es el 5 de Diciembre.
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08 febrero 2012

¡Para! Que te lo vas a perder

El interior secreto: ¡Para! Que te lo vas a perder



Es que este hombre no descansa.

¡¡¡PARA UN MOMENTOOOO!!!

Nada, que no hay manera, en fin ... pues nada, ya os lo cuento yo.

Es que hoy es su cumpleaños y yo, que le conozco, sé que no va a poder venir a la fiesta, y por eso no he preparado ni sorpresa ni nada.
Pero por lo menos le desearemos un Feliz Cumpleaños o algo ¡que menos!
El muchacho se lo merece ¿A que si? Pues eso.

Le he dejado, eso si, un poco de agua, un par de cervecitas y un buen bocata de jamón de Teruel para que coja fuerzas entre carrera y carrera.

Ya cuando él pueda que nos invite, lo celebramos y listo.

Venga y ahora todos a la vez ...

¡¡¡FELICIDADES JAVI!!!

Y que cumplas muchísimos más

El interior secreto: ¡Para! Que te lo vas a perder

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03 febrero 2012

Perderme en ti

El interior secreto: Perderme en ti
Me escondo en tu palabra. Me destapo en tu verso. 
Muero por hacer el amor contigo. 

Escapo en tus ojos. Me descubro en tus labios.
Resucito al instante en que me desnudas. 

Desvanezco en tus manos. Aparezco en tus brazos.
Reclamo un ahora en ti. 

Olvido mi cuerpo. Renazco en el tuyo.
Robo un momento al tiempo. 

Murmuro tus gestos. Afirmo tus gemidos.
Tiemblo al atrevimiento. 

Nací en tu rostro. Vivo en tu piel.
Crezco en tu descaro

Me pierdo contigo. Me encuentro en ti. 
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30 enero 2012

De como una búsqueda dio con un gran hallazgo

De como una búsqueda dio con un gran hallazgo


Creo que fue en la "preadolescencia", esa época en la que tienes un montón de preguntas y en vez de encontrar respuestas te das de bruces con más preguntas cuando empecé a necesitar conocer a mi padre, no físicamente sino conocer a la persona que fue.

Yo tenia cuatro años cuando él murió y a pesar de ser tan pequeña aun tengo recuerdos claros de su presencia, los guardo dentro de mi como un tesoro, es lo único que tengo. Pero llegó ese momento en el que ansiaba saber como era, como pensaba, ... y mi madre solo me contaba lo que ya sabia, un hombre enamorado de su mujer, trabajador, guapo, elegante, buen amigo y excelente padre, con un amor incondicional por nosotros. Aun le dolía haberle perdido tan joven, haberse quedado sola con la responsabilidad de una familia, por eso no insistí más y comenzó mi búsqueda.

Las estanterías de mi casa estaban repletas de libros que le habían pertenecido y pensé que si los leía daría con alguna respuesta, por lo menos sabría cuales eran sus gustos literarios y eso ya era mucho, formaba parte de su personalidad.

He de reconocer que en aquella época me limitaba a leer estrictamente lo que me obligaban en el colegio, así que tenía que organizarme, tener tiempo para estudiar, leer por obligación y leer por devoción.

Los primeros libros de la estantería que me llamaron la atención eran unos encuadernados en piel roja de la editorial Aguilar, cogí uno de ellos y empecé a examinarlo. Ya había utilizado uno de mis sentidos: la vista, ahora le tocaba el turno al tacto. Esa sensación de tener en las manos algo delicado, antiguo, maleable, me invadió totalmente, me gustaba tocarlo y pensar que mi padre también lo había hecho. Al abrirlo descubrí esas páginas de papel tan fino, como el que se utiliza en las Biblias, y lo olí, como me gusto ese olor, todavía hoy sigo oliendo los libros aunque sean nuevos.
Hasta ese momento la experiencia era fantástica, me sentía genial, estaba compartiendo algo con él, con mi padre, era una sensación única. Y empecé a leer.

Los primeros que escogí pertenecían a una colección de novela policiaca y de suspense, Georges Simenon, Sir Arthur Conan Doyle y Agatha Christie. Y continúe con todos los demás, hasta que se acabaron, entonces ya era una adicta a los libros, leer es para mi una necesidad, es mi hobby, una manera de escapar.

Se lo debo a mi padre, porqué aun sin estar conmigo me enseño a valorar la literatura, a disfrutar leyendo.
Un gran hallazgo.

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27 enero 2012

Anochecer iluminado

El interior secreto: Anochecer iluminado

Llegó el anochecer iluminado por infinitas estrellas.
Busco en ellas la luz que quiero y la promesa
de segundos eternos y noches interminables.

La luna me provoca soñar, pero no te sueño.
Cada estrella un pensamiento, pero no te pienso.
La noche me habla de esperas, pero no te espero.

Y no te sueño, y no te pienso, y no te espero,
porque estás aquí, porque te siento, porque te tengo.

Con la noche surge la seducción,
la luna nos concede el mutuo deseo,
las estrellas se vuelven caricias
y nuestros cuerpos sienten la excitación
en cada roce, en cada abrazo, en cada beso. 

Si las estrellas prometen segundos eternos y noches interminables,
disfrutemos la promesa, pongamos nuevas estrellas en el firmamento.


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25 enero 2012

¡Y yo con estos pelos!

El interior secreto: ¡Y yo con estos pelos!

"Pour être belle il faut souffrir" Está frase formaba parte de una pared decorada al estilo Alfons Mucha que había en la peluquería a la que iba mi madre, y lo de "il faut suffrir" juro que es cierto.

Cuando era pequeña, ¡de edad! que ya veo a más de uno riéndose, mi madre era la que se encargaba de que mi abundante, muy muy abundante, melena estuviera perfecta. Pero para ello tenía su propio estilo, nada de acondicionador, según ella estropeaban el pelo y ademas lo dejaba sin brillo, y para desenredar el peine era lo mejor.
Yo ya había aprendido que llorar y gritar no servia de nada, así es que sólo me quedaba apretar muy fuerte los ojos y los dientes mientras agarraba la silla con las manos como si me fuera la vida en ello.

Veamos el proceso.
Abundante agua y enérgico "masaje" para enjabonarlo, primeros nudos. Lo frotaba como si quisiera quitar una mancha rebelde de una camisa, más nudos. Aclarado y segundo enjabonado de la misma manera, mi pelo era ya un nido de enredos. Y llegaba secarlo con la toalla, aquella melena era definitivamente una autentica maraña. Procedía al desenredado ¡con su querido peine! y ahí comenzaba mi suplicio. Mechón a mechón iba deshaciendo cada nudo y os puedo asegurar que se hacía eterno. Aparecía el secador ¡aquello no acababa nunca! para dejar mi melena perfectamente lisa, pero claro, cuando yo creía que había terminado ¡aparecía de nuevo el peine!

Si esta tortura coincidía con un viernes me dejaba llevar el pelo suelto todo el fin de semana, por supuesto con su correspondiente desenredado por la noche y a la mañana siguiente. Pero ¡Llegaba el lunes y había colegio! entonces tenía que llevar el pelo recogido.
Cada día era un peinado diferente, una coleta o dos, trenzas o lo que se le ocurriera. La coleta tenía que estar perfectamente tirante para que no se deshiciera en los habituales juegos infantiles de los recreos, y tirante estaba, que me hacía un "lifting facial" sin necesitarlo a mi tierna edad.
Como no había gomas que sujetaran bien mi pelo, las normales se caían enseguida, mi madre encontró unas que eran abiertas y un ganchito en cada extremo cuya función era enlazarse entre si, pero mi madre las estiraba al máximo y cada ganchito iba sujeto a un mechón de mi pelo con lo que su afán de que mi coleta no se deshiciera se hizo realidad.
Cuando llegaba a casa y me liberaba de aquel castigo siempre teníamos la misma "discusión" que, por supuesto, ganaba ella.

- Mamá ¡me duele el pelo!
- El pelo no duele hija.
- Pues a mi me duele.
- Vale, pues ya se te pasará.

Con el tiempo me enteré que, efectivamente, el pelo no duele, pero a mi aquel "dolor" me duraba hasta el día siguiente, en el que mi madre tenía ya pensada la tortura que me infligiría esa mañana y que duraría hasta la tarde.

Cuando ya me "independicé" de aquellos cuidados capilares ¿Adivináis que fue lo primero que hice? ¡Exacto! Comprarme un acondicionador y un cepillo ante la estupefacta mirada de mi madre.

Seguro que ahora entendéis el por qué de mi felicidad cuando decidía cortarme el pelo.
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