10 junio 2009

Caos

Caos
Mezclo mi infancia con mi trabajo y mis recuerdos con el presente.
Indudablemente todo está relacionado pero debo empezar por los motivos que me llevaron a esta situación.

Durante años he disfrutado trabajando en la misma empresa.
Fui pasando por distintos dptos. y distintos jefes.
Siempre saqué el lado positivo de cada uno de ellos y siempre aprendí algo.
Necesito tener mi mente activa y en cuanto la ocupación se volvía rutinaria me cambiaban de sitio.

Es verdad que he tenido mucha suerte en este sentido porque el departamento de RR. HH. me apoyó, animó y alentó por lo que les estaré agradecida eternamente, aún hoy me han demostrado que puedo seguir contando con ellos.

En la última etapa estuve en el departamento más bonito, creativo y agradecido de todos. Relacionado con la cultura, sociedad, relaciones humanas y organizaciones y actividades humanitarias, ha sido increíble.
Lamentablemente el responsable ha sido con diferencia el peor jefe. Un hombre sin personalidad que fomenta el enfrentamiento entre compañeros a base de cotilleos. Su despacho es como un plató de televisión en el que se realiza el peor de los realitys, primero entra uno y pone a caldo al que tiene al lado, después entra otro y lo mismo. Y yo no soy así, no sé hacerlo y no quiero aprender.
Cuando tengo un problema con alguien lo soluciono con el/ella, jamas he utilizado a ningún jefe para solucionar un problema con nadie. Como tampoco he sabido "vender" mi trabajo, sé lo que tengo que hacer y lo hago, y si no sé pregunto y si no me contestan me busco la vida, pero sé cual es mi responsabilidad y cumplo con ella.

Así me convertí en: trabajadora, inteligente pero con muchos defectos. Estas eran sus palabras para presentarme. Los demás eran encantadores, de toda su confianza y excelentes personas.

La primera vez que le oí presentarme no le hice mucho caso, la segunda tampoco me importó, pero cuando llevaba años escuchando lo mismo caí en su juego y empecé a dudar de mí. Dejé que me afectara su opinión y a creer que era yo la equivocada.
Cuando teníamos alguna reunión alababa el trabajo de los demás y criticaba mi actitud (no mi trabajo). Al final temía las reuniones y me creí todo lo negativo que decía de mí.
Terminé llorando a todas horas hasta que mis nervios no pudieron más y apareció el primer ataque de ansiedad.

Cuando el medico me diagnosticó depresión no me lo creía, eso no iba conmigo, yo no era así, pero sí, esa era yo.

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