Pertenezco a una generación en la que algunos escritores/as simplemente no existían. Durante nuestra etapa escolar ni se les mencionaba, nombres ilustres que conocíamos de oídas pero que no estudiábamos. Por otro lado estaban los de lectura obligada, los que se nos atragantaban a la gran mayoría.
Yo tuve la suerte de contar con un profesorado que se salía de lo normal y que no se rasgaba las vestiduras cuando les dabas alguno de esos nombres. Yo tenia seis años cuando Joan Manuel Serrat publicó su homenaje a Antonio Machado, nueve cuando puso música a la poesía de Miguel Hernández y fue a los doce cuando escuche ambos discos por primera vez, y tanto me gustaron los poemas que me puse a investigar como una loca por todos lados para saber quienes eran aquellos autores, de Machado algo habíamos hablado en clase, pero del tal Miguel Hernández, nada de nada.
Cuando hable con mi profesora de literatura me retó para que hiciera un trabajo sobre Miguel Hernández, ella lo leería y me dejaría presentarlo en su clase. Retarme a mi, ¡ja! como me conocía la condenada. Hice el trabajo, lo presente en clase y fue uno de los poquísimos sobresalientes en mi expediente. Era el año 1976.
Ya en la transición, aquellos autores/as desterrados renacieron para el bien de la cultura, pero sus contemporáneos hasta ahora alabados, pasaron a ser calumniados y etiquetados de non gratos. Otra vez el mismo error. Yo no comparto la ideología de algunos de mis escritoras/es favoritos, pero admiro sus libros, su dominio de la lengua y me hacen disfrutar de su lectura, no entiendo que tiene que ver una cosa con otra. Leyendo a los desterrados de ambas épocas es como realmente se puede llegar a ser medianamente imparcial, ¿no dicen que siempre hay que escuchar las dos versiones?
Durante la gira de Serrat y Sabina "Dos pájaros de un tiro" el público cantaba emocionado "Cantares" haciendo coro al gran Serrat y ante la pregunta de ¿sabes quien escribió la letra de esta canción? la respuesta fue:
- Serrat ¿no?
La tonta soy yo por preguntar.
Cuando hablamos de Rafael Alberti, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Blas de Otero, León de Felipe, etc. te miran y piensan (lo sé porque me lo han dicho, no porque tenga poderes adivinatorios)
- uf! esta va de intelectual por la vida.
- ¡Que no coño! que hablo de sensibilidad, de amor, de la vida y los sentimientos.
- ¡Vale! definitivamente esta tía es un coñazo.
Pues bueno, que le vamos ha hacer.
Venero al Genial Cervantes, su Quijote y sus novelas ejemplares, la ironía de Quevedo, la grandiosidad de Lope ¡bendito Siglo de Oro español!, me arrodillo ante V. Aleixandre, Jacinto Benavente, Camilo J. Cela, J. de Echegaray y Juan Ramón Jiménez, nuestros flamantes premios Nobel de literatura, sufro con la tristeza de M. Hernández, me emociono con F. Gcia. Lorca y A. Machado, viajo al país de los sueños con Ana Mª Matute, me reflejo en la realidad de C. Martín Gaite, navego con Alberti, me sumerjo en las narraciones de B. Pérez Galdos, R. Mª del Valle Inclán, M. de Unamuno, Miguel Delibes o G. Torrente Ballester ...
Y otros muchos, muchísimos, que se quedan en el tintero.
Disfruto con la mujer protagonista de las novelas de A. Gala. Pero también me encanta leer a Matilde Asensi, Ildelfonso Falcones, J. L. Sampedero, Juan J.Millás, Luis Mateo Diez, Javier Sierra, Rosa Montero, Eduardo Mendoza, Aberto V. Figueroa, Elvira Lindo, Soledad Puertolas, Ángeles Caso, Almudena de Arteaga, Julia Navarro, Almudena Grandes, Arturo Pérez Reverte, etc., etc., etc.
Todos y cada uno de ellos forman parte de la cultura, de la historia, NUESTRA CULTURA y NUESTRA HISTORIA.
Ninguno merece ser censurado ni mucho menos relegado al olvido.